Uno de cada cuatro adolescentes en el mundo no hace ejercicio ningún día de la semana, alerta la OMS
La falta de actividad física se ha convertido en un importante desafío para la salud de los adolescentes. Uno de cada cuatro jóvenes de entre 11 y 17 años en el mundo, equivalente a unos 240 millones de personas, no realiza los 60 minutos diarios de ejercicio recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) durante ningún día de la semana.
Además, apenas el 13.9% de los adolescentes consigue cumplir con esta recomendación todos los días, una proporción inferior a la registrada hace una década, cuando rondaba el 19%.
Los datos forman parte de un estudio publicado este miércoles en la revista The Lancet Global Health, que analizó información de 140 países y evidencia que la actividad física continúa siendo insuficiente entre las nuevas generaciones.
En promedio, los adolescentes realizan al menos una hora de actividad física moderada o intensa menos de tres días por semana, pese a que las recomendaciones internacionales señalan que este nivel de movimiento debe alcanzarse diariamente.
La actividad física incluye acciones cotidianas como caminar a paso rápido, correr, andar en bicicleta, practicar deportes o bailar, siempre que impliquen un esfuerzo suficiente para aumentar la respiración y el ritmo cardíaco.
La adolescencia, una etapa clave para desarrollar hábitos saludables
La OMS destaca que la adolescencia es un periodo fundamental para establecer hábitos que pueden mantenerse durante la vida adulta.
La falta de movimiento durante estos años no solo afecta la condición física inmediata, sino que también puede influir en la salud futura, al aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con el sedentarismo.
Etienne Krug, director del Departamento de Determinantes de la Salud, Promoción y Prevención de la OMS, señaló que fomentar la actividad física entre los jóvenes representa una inversión en su bienestar presente y futuro.
El especialista subrayó que la prevención de enfermedades no transmisibles suele concentrarse en factores como el consumo de tabaco y alcohol o la alimentación poco saludable, aunque la inactividad física también constituye un riesgo de gran importancia.
¿Qué enfermedades puede prevenir el ejercicio?
La falta de actividad física está relacionada con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, algunos tipos de cáncer y padecimientos respiratorios, además de contribuir a otros problemas de salud asociados con el sedentarismo.
Por el contrario, mantener una rutina de movimiento favorece el funcionamiento del corazón y los pulmones, ayuda a regular el metabolismo y contribuye al bienestar emocional.
La actividad física también puede favorecer la salud cerebral a largo plazo y ayudar a retrasar la aparición de problemas asociados con el deterioro cognitivo, como la demencia y el alzhéimer.
En el ámbito de la salud mental, el ejercicio puede contribuir a controlar síntomas de ansiedad y depresión, mejorar el estado de ánimo y favorecer el descanso.
Por ello, los especialistas consideran que promover el movimiento desde edades tempranas es una estrategia importante para reducir el riesgo de enfermedades y mejorar la calidad de vida.
Las adolescentes enfrentan mayores barreras para hacer ejercicio
El estudio encontró diferencias importantes entre chicos y chicas. De acuerdo con los resultados, el 28% de las adolescentes no alcanza los 60 minutos de actividad física ningún día de la semana, frente al 22% de los varones.
La brecha también se observa entre quienes cumplen con la recomendación diariamente: solo el 11% de las jóvenes realiza una hora de ejercicio todos los días, mientras que entre los chicos la proporción llega al 17%.
Los expertos de la OMS señalan que esta diferencia puede estar relacionada con diversos factores sociales y culturales, entre ellos la falta de referentes femeninos en el deporte, la escasez de entrenadoras y las condiciones familiares o comunitarias que limitan las oportunidades de participación.
La falta de espacios seguros, accesibles e inclusivos también puede dificultar que las adolescentes incorporen actividades deportivas a su rutina.
Por ello, los especialistas consideran necesario desarrollar programas que respondan a las necesidades de las jóvenes y que promuevan entornos donde puedan realizar ejercicio sin barreras ni discriminación.
Desigualdad entre países y oportunidades para moverse
La investigación también identificó diferencias entre regiones. En varios países en desarrollo se registran niveles especialmente bajos de actividad física, con algunas naciones donde hasta el 40% de los adolescentes no alcanza los 60 minutos de movimiento ni un solo día de la semana.
En contraste, Estados Unidos, Canadá y algunos países del norte y este de Europa presentan proporciones superiores al 20% de jóvenes que cumplen con la recomendación diaria.
Estas diferencias pueden estar relacionadas con las oportunidades disponibles para practicar deportes, la infraestructura urbana, el acceso a espacios recreativos y las condiciones de seguridad para caminar o andar en bicicleta.
Los investigadores advierten que la actividad física no debe depender únicamente de la voluntad individual, sino también de las condiciones que ofrecen las escuelas, las comunidades y las ciudades.
El sedentarismo y el tiempo frente a las pantallas
El uso prolongado de celulares, computadoras y televisores es uno de los factores que contribuyen al sedentarismo entre adolescentes.
Pasar muchas horas frente a una pantalla puede desplazar actividades que implican movimiento, como jugar al aire libre, caminar o practicar algún deporte.
Sin embargo, los especialistas de la OMS advierten que sería simplista atribuir toda la falta de actividad física al uso de dispositivos electrónicos.
La ausencia de espacios adecuados para hacer ejercicio, las largas jornadas escolares, las dificultades de transporte y la falta de oportunidades deportivas también influyen en los hábitos de movimiento.
Frente a este panorama, recomiendan incorporar pausas activas durante el día, levantarse periódicamente y caminar unos minutos después de permanecer sentado durante mucho tiempo.
La OMS pide más actividad física en las escuelas y ciudades
Los resultados del estudio reflejan un estancamiento en los esfuerzos internacionales para reducir la inactividad física. La OMS mantiene como objetivo disminuirla un 15% para 2030, pero advierte que será necesario fortalecer las medidas para alcanzar esa meta.
Fiona Bull, responsable de la Unidad de Promoción de la Actividad Física y Prevención de los Daños Relacionados con el Alcohol de la organización, destacó la importancia de facilitar el movimiento en la vida cotidiana.
Entre las acciones propuestas se encuentra devolver a la actividad física un papel central en la educación, mediante más oportunidades para practicar deportes, realizar ejercicios durante la jornada escolar y promover actividades recreativas.
También se recomienda mejorar los sistemas de transporte público y crear espacios seguros y accesibles para caminar o andar en bicicleta, de manera que estas opciones sean prácticas para los desplazamientos cotidianos.
La OMS insiste en que fomentar hábitos activos requiere la participación coordinada de los sectores educativo, sanitario, deportivo y de transporte.
El desafío, concluye la investigación, consiste en crear entornos donde moverse sea una parte natural de la vida diaria. Promover la actividad física durante la adolescencia puede contribuir no solo a mejorar la salud de los jóvenes, sino también a prevenir enfermedades y fortalecer su bienestar a lo largo de la vida.


