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¿Qué comer para tener una piel más firme? Los alimentos que podrían ayudar a reducir las arrugas

Por Redacción Diario Plaza Mayor 23 de octubre de 2026 Actualizado: 23 de octubre de 2026

El cuidado de la piel no depende únicamente de las cremas, los tratamientos estéticos o la protección solar. La alimentación también puede contribuir a mantener su estructura, hidratación y elasticidad, gracias a nutrientes que participan en la producción de colágeno y ayudan a proteger las células frente al daño ambiental.

Una revisión de BBC News reunió investigaciones sobre los posibles efectos de las frutas, las verduras, las grasas saludables y los alimentos fermentados en el envejecimiento cutáneo. Entre los especialistas consultados se encuentran Jean Krutmann, catedrático de Dermatología del Instituto Leibniz de Investigación en Medicina Ambiental, y Volker Böhm, profesor de Química de los Alimentos de la Universidad Friedrich Schiller de Jena.

Los expertos explican que la radiación solar, la contaminación y la pérdida progresiva de colágeno influyen en la aparición de arrugas y en la disminución de la firmeza. Aunque ningún alimento puede detener por sí solo estos procesos, una dieta variada puede aportar sustancias que contribuyen a la protección y el mantenimiento de la piel.

La radiación solar y la pérdida de colágeno aceleran el envejecimiento

La piel funciona como una barrera que protege al organismo de las agresiones externas. Sin embargo, la exposición acumulada a la radiación ultravioleta, la contaminación, el ozono y otras condiciones ambientales puede favorecer el deterioro de sus estructuras.

Krutmann señaló que durante décadas la radiación ultravioleta fue considerada el principal factor ambiental relacionado con el envejecimiento cutáneo. También advirtió que la luz visible y la radiación infrarroja pueden contribuir a este proceso.

A estos factores se suma el envejecimiento natural. Con el paso de los años, el organismo pierde parte del colágeno, una proteína fundamental para proporcionar estructura y firmeza a la piel. Su disminución favorece la aparición de líneas de expresión, arrugas y pliegues.

En este contexto, determinados nutrientes pueden ayudar a proteger las células y mantener algunas funciones cutáneas. No obstante, sus efectos dependen de la alimentación habitual y no sustituyen medidas como el uso de protector solar.

Zanahorias, tomates y morrones: fuentes de carotenoides

Las frutas y verduras de colores intensos aportan carotenoides, pigmentos vegetales con actividad antioxidante. Entre ellos se encuentran el betacaroteno, el licopeno y la luteína, presentes en alimentos como zanahorias, tomates y morrones.

De acuerdo con Böhm, estos compuestos pueden acumularse en los tejidos y contribuir a la defensa de la piel frente a la radiación solar. El especialista describió un factor de protección ultravioleta básico de aproximadamente dos a tres asociado con el consumo regular de alimentos ricos en carotenoides.

Esta protección es limitada y no debe interpretarse como un reemplazo del protector solar. Su posible beneficio consiste en complementar las defensas del organismo mediante una alimentación constante.

El betacaroteno, presente en vegetales anaranjados y rojizos, también puede transformarse en vitamina A, nutriente que interviene en el crecimiento y mantenimiento de las células cutáneas. Los carotenoides se han relacionado, además, con mecanismos que podrían favorecer la producción de ácido hialurónico, una molécula vinculada con la hidratación y la elasticidad.

Para mejorar la absorción de estos compuestos, los especialistas recomiendan acompañar alimentos como tomates y zanahorias con pequeñas cantidades de grasas saludables, por ejemplo, aceite de oliva.

Mango y cítricos: la vitamina C importa, pero la cantidad también

La vitamina C, presente en frutas como los cítricos y el mango, participa en la síntesis de colágeno y contribuye a proteger las células frente al estrés oxidativo. Algunas investigaciones también han relacionado su consumo con mejoras en la hidratación y la pigmentación cutánea.

Sin embargo, un estudio dirigido por Vivien Fam, de la Universidad de California Davis, encontró resultados diferentes según la cantidad de mango consumida.

En la investigación, mujeres posmenopáusicas que comieron 85 gramos de mango cuatro veces por semana durante 16 semanas presentaron una disminución en el tamaño de las arrugas existentes y en la aparición de nuevas líneas.

En contraste, las participantes que consumieron alrededor de 250 gramos de mango cuatro veces por semana mostraron un aumento de las arrugas. Robert Hackman, profesor de Nutrición de la misma universidad, planteó que el contenido de azúcares naturales podría ser una posible explicación, aunque el estudio no estableció la causa del resultado.

Estos hallazgos no significan que el mango provoque arrugas en general ni permiten concluir que todas las personas reaccionarán de la misma manera. Se trata de resultados observados en un grupo específico de mujeres y durante un periodo determinado, por lo que se necesitan más investigaciones para comprender la relación entre la cantidad consumida y los cambios en la piel.

Almendras, avellanas y semillas aportan vitamina E

Los frutos secos y las semillas ofrecen vitamina E, un nutriente que ayuda a proteger las células frente al daño oxidativo. Las almendras y las avellanas pueden incorporarse como colación o como parte de una alimentación equilibrada.

Un estudio controlado y aleatorizado citado en la revisión observó que las personas que consumieron almendras como refrigerio durante 16 semanas presentaron menos arrugas visibles que quienes recibieron otro tipo de colación.

Estos alimentos también contienen ácidos grasos, incluidos los omega-6, que participan en el mantenimiento de la barrera cutánea. Una barrera en buen estado ayuda a conservar la humedad y limita la pérdida de agua a través de la piel.

La evidencia disponible apunta a que el consumo habitual de frutos secos puede contribuir al cuidado cutáneo, aunque los resultados de un estudio no garantizan el mismo efecto en todas las personas.

Salmón, sardinas y caballa: grasas que favorecen la barrera cutánea

Los pescados grasos, como el salmón, las sardinas y la caballa, son fuentes de ácidos grasos omega-3. Estos nutrientes participan en diversos procesos del organismo y se han estudiado por sus posibles efectos sobre la inflamación y la respuesta de la piel frente a la exposición solar.

La revisión de BBC News señala que los omega-3 podrían ayudar a reducir la sensibilidad cutánea al sol, preservar el colágeno existente y moderar determinados procesos inflamatorios. Las algas también pueden aportar grasas de este tipo, aunque su composición depende de la especie y del producto.

Incluir pescado dentro de una dieta variada permite obtener estos ácidos grasos junto con otros nutrientes. Sin embargo, no debe considerarse un tratamiento contra las arrugas ni una alternativa a las medidas de protección solar.

La relación entre el intestino y la piel

La salud cutánea también se estudia a través del llamado eje intestino-piel, un concepto que describe la relación entre la microbiota intestinal y distintos procesos del organismo que pueden influir en la piel.

Hackman explicó que una alimentación variada, rica en productos vegetales, favorece la actividad de los microorganismos intestinales. Estos pueden producir compuestos con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias a partir de los alimentos que consumimos.

Las frutas, las verduras, las legumbres, los cereales integrales, las hierbas y las especias contribuyen a aportar la diversidad de nutrientes y fibras que necesita la microbiota.

Los alimentos fermentados, como el yogur, el chucrut, el kimchi y la kombucha, también pueden formar parte de esta estrategia alimentaria. Sus características varían según el proceso de elaboración, por lo que no todos contienen los mismos microorganismos ni producen necesariamente los mismos efectos.

Aunque la relación entre la microbiota y la piel es un campo de investigación en desarrollo, mantener una dieta diversa y equilibrada favorece la salud general y puede contribuir al funcionamiento de las defensas del organismo.

¿Qué conviene comer para cuidar la piel?

La evidencia reunida apunta a una estrategia sencilla: combinar diferentes grupos de alimentos en lugar de depender de un producto considerado milagroso. Zanahorias, tomates y morrones aportan carotenoides; los cítricos contribuyen con vitamina C; las almendras y las semillas ofrecen vitamina E y grasas saludables, mientras que los pescados grasos proporcionan omega-3.

También es importante mantener expectativas realistas. Los cambios relacionados con la alimentación pueden requerir semanas de consumo constante y no garantizan una reducción visible de las arrugas. Además, los resultados de investigaciones específicas deben interpretarse según la población estudiada, las cantidades consumidas y la duración del seguimiento.

Para cuidar la piel a largo plazo, la alimentación puede acompañarse de protección solar, una rutina de cuidado adecuada y hábitos saludables. La combinación de estas medidas ofrece un enfoque más completo que confiar únicamente en cremas, suplementos o alimentos individuales.

PM
Redacción Diario Plaza Mayor
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