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La isla de plástico del Pacífico podría estar cambiando el color del océano: científicos detectan tonos más verdes y azules

Por Redacción Diario Plaza Mayor 6 de noviembre de 2026 Actualizado: 6 de noviembre de 2026

La gigantesca mancha de basura del Pacífico, conocida como la gran isla de plástico, podría estar dejando una huella visible en el color del océano. Un estudio científico detectó que algunas zonas de esta región del Pacífico norte presentan tonalidades más verdes y azules que las aguas circundantes, un fenómeno que los investigadores relacionan con la elevada concentración de microplásticos.

El trabajo, coordinado por científicos de la Universidad de Bergen, en Noruega, analizó un amplio conjunto de datos satelitales para identificar variaciones en el brillo y el color de la superficie marina. Los resultados, publicados en la revista Communications Earth & Environment, muestran que las señales de coloración cian aparecen con mayor intensidad en áreas donde también se han registrado concentraciones más elevadas de estas partículas contaminantes.

Para investigar esta relación, el equipo desarrolló modelos que permitieron evaluar cómo los microplásticos podrían modificar la señal óptica del océano y determinar si las variaciones observadas podían explicarse por procesos naturales. De acuerdo con sus simulaciones, el aumento de las tonalidades verdes y azules coincidió con las zonas de mayor presencia de microplásticos.

Sin embargo, los investigadores reconocen que las imágenes satelitales no ofrecen por sí solas una medición definitiva de la contaminación. Por ello, consideran necesario realizar observaciones directas en el océano para comprobar los resultados y perfeccionar este método de monitoreo.

¿Por qué los microplásticos podrían cambiar el color del agua?

Los microplásticos son fragmentos de plástico de menos de cinco milímetros que pueden permanecer durante largos periodos en el ambiente marino. Algunos son tan pequeños que resulta complicado recolectarlos y cuantificar su presencia mediante los métodos tradicionales de muestreo.

Su detección representa un desafío porque se encuentran dispersos en el agua y pueden mezclarse con otros materiales, como sedimentos, materia orgánica y organismos microscópicos. Además, las partículas tienen propiedades ópticas que pueden modificar la manera en que la luz interactúa con el agua.

A partir de esta característica, los científicos exploraron si las variaciones en la luz reflejada por la superficie oceánica podían servir como una señal indirecta de la concentración de microplásticos.

El estudio encontró diferencias en las tonalidades del agua en las zonas contaminadas, aunque también identificó que los datos satelitales pueden ofrecer estimaciones distintas del cambio de color. Esto significa que la señal no necesariamente responde a una sola causa y que es importante descartar otros factores ambientales antes de atribuirla exclusivamente a los residuos plásticos.

¿Dónde se encuentra la gran mancha de basura del Pacífico?

La gran mancha de basura del Pacífico está ubicada en alta mar, en el Pacífico norte, entre las costas de California y Hawái. Su formación está relacionada con un sistema de corrientes oceánicas que genera un enorme vórtice capaz de arrastrar, concentrar y mantener residuos flotantes en una extensa región.

Aunque suele describirse como una isla de plástico, no se trata de una superficie sólida que pueda observarse como un territorio cubierto de basura. Es una zona de acumulación de desechos de distintas dimensiones, desde objetos grandes hasta fragmentos diminutos que se encuentran dispersos en el agua.

Su extensión puede alcanzar, según las estimaciones citadas, hasta 3.4 millones de kilómetros cuadrados, más de seis veces la superficie de España. Su perímetro se calcula en alrededor de 22 mil kilómetros.

La acumulación de estos residuos representa un problema para los ecosistemas marinos, pues los animales pueden ingerir fragmentos de plástico o quedar atrapados en desechos de mayor tamaño. Los microplásticos también preocupan por su capacidad de incorporarse a las redes alimentarias.

Satélites: una herramienta para vigilar la contaminación marina

Uno de los principales aportes de la investigación es la posibilidad de utilizar observaciones desde el espacio para identificar regiones con mayor presencia de microplásticos. Medir directamente partículas de menos de 300 micrómetros es complicado, por lo que una herramienta de detección indirecta podría ayudar a localizar zonas que requieren estudios más detallados.

Anna Sánchez Vidal, catedrática de la Universitat de Barcelona e integrante del grupo de investigación en Geociencias Marinas, consideró que el trabajo abre una vía prometedora para monitorear desde el espacio las partículas más pequeñas, que son también algunas de las más difíciles de recolectar y pueden incorporarse a la cadena trófica.

No obstante, la especialista señaló que será necesario validar las observaciones satelitales mediante campañas oceanográficas y comprobar si el procedimiento funciona en otras regiones.

La evaluación resulta especialmente importante en zonas costeras y ecosistemas marinos más productivos, donde el fitoplancton, los sedimentos y la materia orgánica también pueden modificar el color del agua y alterar las señales captadas por los sensores.

Especialistas piden cautela ante los resultados

Aunque la propuesta ha sido considerada innovadora, otros investigadores han expresado reservas sobre la interpretación de los datos.

Andrés Cózar Cabañas, catedrático de Ecología de la Universidad de Cádiz e investigador del Instituto de Investigación Marina (INMAR), señaló que el estudio identifica una correlación estadística entre las variaciones registradas por los satélites y las tendencias de concentración de microplásticos observadas mediante mediciones de campo.

Sin embargo, advirtió que establecer una relación causal a partir de esa coincidencia resulta discutible. Entre sus observaciones, destacó que las concentraciones de microplásticos podrían no ser suficientemente elevadas para que los sensores satelitales actuales las detecten directamente, sobre todo cuando se utilizan instrumentos con baja resolución espacial, como los empleados en esta investigación.

El especialista también planteó que otros factores ecológicos o metodológicos podrían estar influyendo en las señales ópticas registradas.

Por ahora, el cambio de tonalidad del océano debe entenderse como un indicio que requiere nuevas comprobaciones, no como una prueba definitiva de que los satélites pueden medir directamente la contaminación por microplásticos.

La investigación abre una posibilidad relevante para el seguimiento de los residuos plásticos en el mar: aprovechar las observaciones satelitales para identificar patrones y orientar futuras expediciones científicas. Si el método logra validarse en distintas regiones, podría convertirse en una herramienta complementaria para vigilar una de las formas de contaminación más difíciles de detectar y cuantificar en los ecosistemas oceánicos.

PM
Redacción Diario Plaza Mayor
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