El pan dulce mexicano que casi hemos olvidado: un festival rescata cientos de sabores y recetas
Detrás de las vitrinas de las panaderías mexicanas existe un universo mucho más amplio que las conchas, los cuernos y las mantecadas que forman parte del consumo cotidiano. México cuenta con una tradición panadera construida durante generaciones, con recetas, técnicas, ingredientes, formas y nombres que varían de una región a otra y que, en algunos casos, están a punto de desaparecer. Para acercar al público a esa diversidad y recuperar preparaciones que han quedado fuera de las vitrinas habituales, la Ciudad de México será sede del Primer Festival del Pan Dulce Mexicano.
El encuentro se llevará a cabo del 11 al 13 de septiembre de 2026 en la Utopía Elena Poniatowska Amor, en Coyoacán, con entrada gratuita y actividades de 10:00 a 18:00 horas. Durante tres días, más de 30 productores de la capital y de otras regiones del país mostrarán sus productos y compartirán parte de los conocimientos que todavía mantienen viva la elaboración tradicional del pan dulce.
Más que convertirse en un espacio de venta, el festival busca acercar a los visitantes a los panaderos y a los procesos artesanales que existen detrás de cada pieza. La intención es que el público pueda conocer preparaciones que no suelen llegar a las cadenas comerciales y comprender que el pan dulce también forma parte de la memoria cultural de distintas comunidades.
Uno de los principales atractivos será el Museo del Pan Dulce, una exhibición que reunirá alrededor de 500 variedades de pan tradicional. La muestra permitirá dimensionar la enorme diversidad que existe en el país y, al mismo tiempo, pondrá especial atención en aquellas piezas que han dejado de producirse con frecuencia.
Dentro del museo habrá una selección histórica de aproximadamente 50 variedades consideradas desaparecidas o extintas. El registro busca mostrar qué ocurre cuando una receta deja de transmitirse, cuando una técnica deja de practicarse o cuando una preparación pierde presencia frente a los productos de fabricación masiva. Así, el pan deja de observarse únicamente como un alimento y se convierte también en una forma de documentar costumbres, conocimientos y formas de vida.
La dimensión del repertorio mexicano es considerable. De acuerdo con la Cámara Nacional de la Industria Panificadora, Pastelera y Similares de México, en el país se han identificado alrededor de 2 mil 400 variedades de pan dulce. El número refleja décadas de adaptación y creatividad, pero también una diversidad que no necesariamente permanece intacta.
Conchas, cocoles, chilindrinas, ojos de buey, cubiletes, garibaldis, piedras, besos, bisquets y campechanas son apenas algunas de las piezas que forman parte de ese enorme catálogo. Algunas continúan presentes en prácticamente cualquier panadería; otras se concentran en determinadas regiones y existen también preparaciones que sobreviven únicamente gracias a pequeños establecimientos, familias de panaderos o comunidades que todavía conservan las recetas.
Entre las piezas de mayor presencia en el gusto popular están las conchas, los cuernos, las campechanas y las mantecadas, panes que durante generaciones han acompañado desayunos, meriendas y reuniones familiares. Sin embargo, junto a ellas existe una larga lista de especialidades menos conocidas, como el puerquito de piloncillo, que muestra hasta qué punto pueden cambiar los ingredientes, las formas y las técnicas utilizadas para elaborar pan en distintas partes de México.
El festival pretende precisamente poner esa diversidad frente al público. Las demostraciones de elaboración en vivo permitirán observar procesos como el amasado, el horneado y el decorado, mientras que las conferencias y mesas de análisis abordarán la historia de la panadería y los conocimientos relacionados con este oficio.
La propuesta también tendrá una dimensión artística. El llamado Museo Vivo reunirá obras de pintura y escultura inspiradas en el universo del pan, además de actividades culturales y musicales que acompañarán la programación durante los tres días.
La elección de Coyoacán como sede también tiene un significado particular. El festival tendrá lugar en la Utopía Elena Poniatowska Amor, un parque público y cultural instalado en un predio recuperado de casi 20 mil metros cuadrados en el Barrio de San Lucas. El espacio, conocido anteriormente como El Parián, fue transformado mediante una inversión superior a los 242 millones de pesos y forma parte de la red de espacios públicos destinados a ofrecer actividades culturales, deportivas y comunitarias.
El encuentro ocurre, además, en un momento importante para el reconocimiento de la panadería tradicional en la capital. El pan dulce mexicano forma parte de un proceso de reconocimiento de los saberes y prácticas asociados con su elaboración como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Ciudad de México.
La importancia de esta distinción no se encuentra únicamente en una pieza específica. No se trata de declarar patrimonio a una concha, un cocol o cualquier otro pan de manera aislada, sino de reconocer a las personas, los conocimientos y las prácticas que permiten que estas preparaciones continúen existiendo y que puedan transmitirse entre generaciones.
En ese contexto, reunir cientos de variedades en un mismo lugar permite observar una transformación que suele pasar inadvertida. Mientras algunas piezas se producen diariamente en grandes cantidades, otras han quedado vinculadas a una localidad, una celebración, una familia o una panadería determinada. Cuando las nuevas generaciones dejan de aprender una receta o una técnica, esa parte de la historia gastronómica puede desaparecer junto con ella.
El Primer Festival del Pan Dulce Mexicano plantea así una oportunidad para mirar de otra manera algo tan cotidiano como entrar a una panadería y elegir una pieza. Detrás de cada forma y cada sabor puede existir una historia de migraciones, intercambios culturales, ingredientes locales, técnicas familiares y conocimientos transmitidos durante décadas.
Quienes quieran visitar el encuentro podrán hacerlo gratuitamente los días 11, 12 y 13 de septiembre, de 10:00 a 18:00 horas, en la Utopía Elena Poniatowska Amor, ubicada en avenida Miguel Hidalgo 128, Barrio de San Lucas, alcaldía Coyoacán, cerca de la Escuela Nacional Preparatoria Número 6.
Para llegar en Metro existen varias alternativas. Una de ellas es utilizar la Línea 3 y bajar en Coyoacán o Viveros, para después continuar hacia la zona del Centro de Coyoacán y dirigirse por avenida Miguel Hidalgo. También es posible llegar desde General Anaya, de la Línea 2, y continuar el recorrido en transporte por la misma avenida. Otra opción es utilizar la Línea 1 del Metrobús y bajar en La Bombilla, desde donde se puede continuar hacia Coyoacán.
Quienes se trasladen en automóvil pueden utilizar como referencia la dirección Av. Miguel Hidalgo 128, San Lucas, Coyoacán, código postal 04100, Ciudad de México. Las autoridades y organizadores también recomendaron llevar dinero en efectivo, ya que los visitantes podrán adquirir productos directamente con los expositores.
El festival busca que el pan dulce no permanezca únicamente como un recuerdo de infancia o como una pieza más en la vitrina de una panadería. Al reunir productores, especialistas, artistas y cientos de variedades, la iniciativa coloca sobre la mesa una pregunta sencilla pero importante: ¿cuántos panes tradicionales conocemos realmente y cuántos están desapareciendo sin que nos demos cuenta?
En Coyoacán, la respuesta podrá encontrarse entre hornos, masas, recetas antiguas y cientos de piezas que recuerdan que la panadería mexicana es mucho más grande que las variedades que llegan todos los días a nuestra mesa.


