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El lenguaje desafía al envejecimiento: el cerebro puede conservar esta habilidad e incluso mejorarla con los años

Por Redacción Diario Plaza Mayor 28 de agosto de 2026 Actualizado: 28 de agosto de 2026

Envejecer suele asociarse con ciertos cambios en el funcionamiento del cerebro. La memoria puede volverse menos ágil, mantener la atención durante periodos prolongados puede resultar más difícil y algunas tareas que requieren organización, rapidez mental o toma de decisiones pueden demandar un mayor esfuerzo. Sin embargo, una capacidad parece resistir especialmente bien el paso del tiempo: el lenguaje.

Un nuevo estudio publicado el 24 de agosto en la revista Nature Communications encontró que las habilidades lingüísticas pueden mantenerse estables e incluso mejorar durante el envejecimiento saludable, siempre que no existan condiciones neurológicas como un ictus o la demencia que afecten directamente el funcionamiento cerebral.

La investigación aporta una nueva mirada sobre la manera en que envejece el cerebro y muestra que no todas sus funciones siguen el mismo camino. Mientras algunas redes neuronales presentan señales claras de deterioro con el paso de los años, las áreas especializadas en procesar el lenguaje parecen conservar una actividad muy similar a la observada en adultos jóvenes.

Los investigadores compararon los escáneres cerebrales de 64 adultos de entre 41 y 80 años con los de 483 adultos jóvenes de entre 17 y 39 años. El objetivo era analizar las diferencias entre dos grandes sistemas cerebrales: la red selectiva del lenguaje y la llamada red de demanda múltiple, relacionada con funciones ejecutivas como la atención, la memoria de trabajo, la organización y el control cognitivo.

Los resultados mostraron una diferencia notable entre ambos sistemas.

En la red dedicada al lenguaje, los científicos no encontraron diferencias importantes entre los participantes jóvenes y los mayores. La actividad cerebral vinculada con la comprensión de historias, la lectura de oraciones y el procesamiento de estructuras lingüísticas complejas se mantuvo prácticamente igual entre ambos grupos.

Incluso frente a situaciones que exigen un mayor esfuerzo para comprender el lenguaje, como encontrarse con una palabra desconocida o una estructura gramatical poco habitual, los adultos mayores mostraron respuestas cerebrales similares a las de los jóvenes.

Esto sugiere que la forma fundamental en que el cerebro procesa el lenguaje podría permanecer intacta durante el envejecimiento saludable.

El panorama fue diferente al analizar la red de demanda múltiple, un sistema formado por diversas regiones cerebrales que participa en distintas tareas y permite movilizar recursos cognitivos de manera flexible.

Durante una prueba de memoria espacial, en la que los participantes debían recordar la ubicación de cuadrados dentro de una cuadrícula, los adultos mayores mostraron una actividad cerebral más débil. Sus redes también eran más pequeñas y presentaban una menor sincronización en comparación con las observadas en los adultos jóvenes.

Esta diferencia coincide con investigaciones previas que han documentado que algunas funciones ejecutivas tienden a disminuir con la edad. La atención, la memoria de trabajo y la capacidad para controlar o coordinar múltiples procesos pueden experimentar cambios durante el envejecimiento, incluso en personas que no presentan enfermedades neurodegenerativas.

Sin embargo, el lenguaje parece seguir una trayectoria distinta.

Los investigadores consideran que una de las posibles explicaciones está relacionada con la experiencia acumulada. A diferencia de otras habilidades cognitivas, el lenguaje es una capacidad que continúa alimentándose durante toda la vida.

Cada conversación, libro, artículo, canción o nueva palabra amplía la exposición de una persona al lenguaje. El vocabulario puede seguir creciendo durante décadas y, en algunos casos, la comprensión lectora y el conocimiento verbal pueden mejorar con el paso del tiempo.

Esta acumulación constante de información podría ayudar a explicar por qué las habilidades lingüísticas se mantienen tan bien. Mientras una persona continúa leyendo, conversando, aprendiendo y exponiéndose a nuevos conceptos, su conocimiento del lenguaje sigue recibiendo información.

La investigadora Evelina Fedorenko, profesora asociada de ciencias del cerebro y cognitivas en el MIT, comparó este proceso con un sistema que continúa siendo entrenado con nuevos datos. A lo largo de los años, las personas acumulan experiencias lingüísticas que pueden enriquecer su vocabulario y sus capacidades de comprensión.

La red de demanda múltiple, en cambio, funciona de otra manera. No parece beneficiarse de la acumulación de conocimientos específicos a lo largo del tiempo, sino que actúa como un recurso flexible que se utiliza para resolver distintos tipos de problemas y coordinar tareas. Precisamente esa flexibilidad podría hacerla más vulnerable a los efectos del envejecimiento.

Los resultados también cuestionan la idea de que el envejecimiento cerebral implique necesariamente un deterioro generalizado de todas las capacidades mentales.

El cerebro no envejece como un bloque uniforme. Algunas funciones pueden disminuir, otras mantenerse estables y algunas incluso beneficiarse de décadas de experiencia y aprendizaje.

Esto no significa que la edad no produzca cambios en la comunicación. La velocidad para encontrar una palabra específica, por ejemplo, puede variar con los años, y ciertas enfermedades neurológicas pueden afectar de manera importante la capacidad de hablar o comprender el lenguaje.

Pero en el envejecimiento saludable, la investigación indica que el sistema cerebral encargado de procesar el lenguaje conserva una notable estabilidad.

El hallazgo podría tener implicaciones importantes para comprender mejor qué partes del cerebro son más resistentes al paso del tiempo y por qué otras resultan más vulnerables. También abre nuevas preguntas sobre los mecanismos que permiten conservar determinadas habilidades cognitivas y sobre la posibilidad de utilizar ese conocimiento para proteger otras funciones cerebrales.

Por ahora, los resultados dejan un mensaje alentador: cumplir años no significa necesariamente perder la capacidad para comprender, aprender y utilizar el lenguaje.

Mientras algunas funciones ejecutivas pueden enfrentar los efectos del envejecimiento, la experiencia acumulada durante décadas parece jugar a favor de una de las herramientas más importantes de la vida humana: la capacidad de comunicarse y seguir aprendiendo a través de las palabras.

PM
Redacción Diario Plaza Mayor
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