De Avándaro a patrimonio cultural: el 11 de septiembre ya es el Día del Rocanrol Mexicano en CDMX
El 11 de septiembre de 1971, miles de jóvenes llegaron a Valle de Bravo, Estado de México, para escuchar rock, convivir y formar parte de un encuentro musical que terminaría convertido en uno de los episodios más controvertidos de la cultura juvenil mexicana. Aquel festival, conocido como Avándaro, fue seguido por una intensa reacción pública que contribuyó a cerrar espacios para el rock durante años.
Cincuenta y cinco años después, la misma fecha adquirió un significado completamente distinto. El Congreso de la Ciudad de México declaró oficialmente el 11 de septiembre como el Día del Rocanrol Mexicano, una conmemoración destinada a reconocer la importancia cultural, artística y social que este género ha tenido en México y su papel como espacio de expresión para diferentes generaciones.
La fecha elegida no es casual. El Festival de Rock y Ruedas de Avándaro se realizó los días 11 y 12 de septiembre de 1971 en Valle de Bravo, en un contexto particularmente complejo para la juventud mexicana. El país todavía estaba marcado por la represión del movimiento estudiantil de 1968 y, apenas tres meses antes del festival, por la violencia del llamado Halconazo del 10 de junio de 1971.
En ese ambiente, la concentración de miles de jóvenes alrededor de la música fue interpretada de maneras muy distintas. Para quienes participaron, Avándaro representó una oportunidad de convivencia y libertad; para buena parte de la prensa de la época, en cambio, se convirtió rápidamente en un símbolo de los supuestos excesos de la juventud.
Sobre el escenario estuvieron agrupaciones como Peace & Love, Three Souls in My Mind, Los Dug Dug’s y El Ritual, protagonistas de una escena rockera que buscaba abrirse paso en un país donde el género ya enfrentaba resistencias de sectores conservadores.
Uno de los episodios que adquirió especial relevancia histórica ocurrió durante la presentación de Peace & Love, cuando la banda interpretó We Got the Power, conocida en español como Tenemos el poder. La expresión adquirió una carga particular dentro del contexto político y social de aquellos años.
La presentación también incluyó lenguaje considerado altisonante para la época y la transmisión radiofónica de Radio Juventud terminó siendo interrumpida. Investigaciones posteriores sobre el festival han señalado que la frase “Tenemos el poder” fue interpretada entonces como una expresión potencialmente subversiva, en un momento en que las autoridades observaban con especial preocupación cualquier manifestación de organización o inconformidad juvenil.
Después llegó el escándalo mediático. Una parte importante de la prensa concentró su cobertura en el consumo de drogas, la desnudez y la conducta sexual de algunos asistentes, dejando en segundo plano el carácter musical del encuentro. Algunos encabezados de aquellos días llegaron a describir Avándaro con expresiones como “encueramiento, mariguaniza, degenere sexual, mugre, pelos, sangre, muerte”, mientras otros hablaron de “Nudismo y mariguana”, “un festival del vicio” y “¡El infierno en Avándaro!”.
La cobertura contribuyó a construir una imagen de los asistentes como una juventud peligrosa, asociada con el vicio, la marginalidad y el crimen. Con el paso del tiempo, estudios históricos y análisis de la prensa de aquellos años han permitido revisar aquellas representaciones y entender cómo se construyó el relato público alrededor del festival.
Las consecuencias para el rock mexicano fueron profundas. Durante el gobierno de Luis Echeverría, el género enfrentó mayores restricciones y perdió espacios en radio, televisión y grandes recintos. Las presentaciones de las bandas se desplazaron hacia lugares pequeños, improvisados o semiclandestinos que terminaron siendo conocidos como hoyos fonquis.
En esos espacios sobrevivió una escena musical que tuvo que desarrollarse prácticamente al margen de los circuitos culturales más visibles. El rock no desapareció, pero durante años tuvo que encontrar otras formas de llegar a sus seguidores y de mantener una comunidad alrededor de la música.
Por ello, la nueva declaratoria tiene una particular carga simbólica. La misma fecha que recuerda uno de los episodios más asociados con la posterior marginación del rock mexicano ahora queda establecida oficialmente en la capital como una jornada para reconocer su importancia cultural.
La iniciativa fue presentada originalmente en septiembre de 2025 por la diputada de Morena Elizabeth Mateos Hernández, quien propuso establecer el 11 de septiembre en referencia al aniversario de Avándaro. Un año después, el dictamen fue llevado al pleno del Congreso capitalino por el diputado Víctor Hugo Lobo Rodríguez y aprobado con 41 votos a favor.
Durante la sesión estuvieron presentes integrantes de agrupaciones como Víctimas del Doctor Cerebro, La Tremenda Korte e Interpuesto, quienes acompañaron el reconocimiento desde el recinto legislativo.
Mateos sostuvo que la declaratoria representa una forma de hacer “justicia con nuestra memoria musical”, mientras que Lobo destacó la importancia del rock como parte de la cultura y la identidad nacional y como un espacio que ha permitido a distintas generaciones expresar sus inquietudes.
Más allá de establecer una fecha en el calendario, la declaratoria representa un cambio significativo en la manera en que las instituciones reconocen la historia del rock en México. Un género que durante una etapa fue visto desde algunos sectores como una amenaza para la juventud ahora es reivindicado oficialmente por su aportación cultural y por su capacidad para acompañar transformaciones sociales.
La historia de Avándaro ayuda a entender esa transformación. El festival no solo quedó registrado por las imágenes de miles de jóvenes reunidos en torno a la música, sino también por la reacción que provocó y por las consecuencias que enfrentó la escena rockera durante los años posteriores. Aquella concentración terminó convirtiéndose en un símbolo de una generación que buscaba nuevas formas de convivencia, identidad y expresión.
Ahora, más de medio siglo después, el 11 de septiembre deja de estar asociado únicamente con la polémica de Avándaro. En la Ciudad de México también será una fecha para reconocer a músicos, bandas, espacios y generaciones que mantuvieron vivo el rocanrol mexicano incluso durante los años en que sus escenarios se redujeron y su presencia pública fue limitada.
El contraste resulta especialmente significativo: 55 años después de que una multitud de jóvenes reunida para escuchar rock fuera presentada por parte de la prensa como una amenaza para la sociedad, esa misma fecha es utilizada por las instituciones para reconocer el legado cultural del género.
De Avándaro a los hoyos fonquis y de ahí a los grandes escenarios, el rock mexicano ha recorrido una historia marcada por la censura, la resistencia, la renovación y la capacidad de reinventarse. A partir de ahora, el 11 de septiembre tendrá oficialmente un lugar en ese recorrido como el Día del Rocanrol Mexicano en la Ciudad de México.


