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México–Estados Unidos: el conflicto más importante

Por Redacción Diario Plaza Mayor 12 de julio de 2026 Actualizado: 11 de julio de 2026

La relación con Estados Unidos se convirtió en el frente más delicado para el gobierno de Claudia Sheinbaum. Ya no se trata de un solo diferendo bilateral, sino de tres conflictos simultáneos: migración, seguridad y comercio.

El primer punto de tensión está en la política migratoria estadounidense. México anunció acciones penales y civiles por la muerte de connacionales bajo custodia o durante operativos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, ICE. La Cancillería pidió llevar los casos ante fiscalías estatales y autoridades federales de Estados Unidos, además de preparar acciones contra empresas privadas que administran centros de detención migratoria.

Ese giro marca un endurecimiento de la postura mexicana. El gobierno federal busca pasar de la protesta diplomática a la vía legal, en un tema sensible para la opinión pública nacional y para la relación con Washington.

El segundo frente es el caso de Ismael “El Mayo” Zambada. El gobierno mexicano exige aclarar si el FBI participó en el traslado del capo a Estados Unidos en julio de 2024, después de que se revelara la exhibición de la aeronave presuntamente utilizada en el operativo. La información contradice versiones anteriores de autoridades estadounidenses, que habían negado participación directa de agencias de ese país.

El caso tiene una dimensión mayor: no sólo involucra a uno de los jefes históricos del Cártel de Sinaloa, sino una posible violación a la soberanía mexicana. Por eso, el reclamo no se limita al ámbito judicial; también toca la confianza entre ambos gobiernos en materia de seguridad.

El tercer frente es económico. México busca que Estados Unidos elimine o reduzca aranceles sobre acero, automóviles y otros sectores, en medio de la revisión del T-MEC. La Secretaría de Economía ha planteado preocupaciones comerciales ante Washington, mientras el gobierno mexicano intenta proteger certidumbre para inversiones y exportaciones.

El problema para Sheinbaum es que los tres temas avanzan al mismo tiempo. En migración necesita elevar el tono para defender a los mexicanos; en seguridad debe exigir explicaciones sin romper los canales de cooperación, y en comercio necesita negociar sin proyectar debilidad.

La lectura política es clara: Sheinbaum está endureciendo el lenguaje de soberanía, pero sin cerrar la puerta a la cooperación económica y de seguridad con Estados Unidos. Esa línea le permite mantener respaldo interno, aunque aumenta el margen de fricción con Washington.

El reto será sostener los tres expedientes sin que uno contamine al otro. Una crisis migratoria puede afectar el diálogo comercial; una investigación sobre operaciones encubiertas puede tensar la cooperación en seguridad; y una negociación arancelaria puede perder fuerza si la relación diplomática entra en fase de confrontación abierta.

Por ahora, México intenta mostrar firmeza sin ruptura. Esa será una de las pruebas más importantes para la política exterior de Sheinbaum: defender soberanía y connacionales, pero sin comprometer la integración económica ni la coordinación bilateral.

PM
Redacción Diario Plaza Mayor
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